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domingo, 23 de mayo de 2021

Lecturas del día 23 de mayo de 2021

 SOLEMNIDAD DOMINGO DE PENTECOSTÉS, EUCARISTÍA DE LA VIGILIA


        Pentecostés es la plenitud de la celebración de Pascua. Es la Pascua consumada y continuada, perenne. Pentecostés es el último día de la fiesta, el día que hace cincuenta después de Pascua. El último día es la memoria del Don del Espíritu Santo. Los santos Padres enseñan que Cristo ha sufrido pasión y muerte y ha resucitado “para entregar el Espíritu”. Santo Tomás dice que, dando el Espíritu, Dios no da un don inferior a sí mismo, sino que se da a sí mismo. El Espíritu convoca la Iglesia, la une en la diversidad y le regala los dones de la unidad, de la santidad y de la apostolicidad. Desde el primer Pentecostés, Cristo, Sacerdote eterno, es quien convoca incesantemente el Espíritu Santo sobre la Iglesia.

         El Espíritu es también el artífice de los sacramentos. Del mismo modo que vivifica el pan y el vino para que sean el Cuerpo y la Sangre del Señor, vivifica el libro de la Escritura para que sea Palabra viva para nosotros. Dentro de nosotros, en el corazón de cada creyente, es agua viva e impetuosa que clama: “Ven al Padre” (San Ignacio de Antioquía). Por él entramos en comunión trinitaria ya en este mundo, aunque todavía no se ha manifestado la gloria de los hijos e hijas de Dios. Mucho más: la liturgia es la obra conjunta del Espíritu y de la Iglesia. Sin el Espíritu no hay liturgia cristiana. El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones (Rom. 5, 5). Este mismo amor nos lleva siempre a los pobres: no sin razón, la Secuencia invoca al Espíritu como “Padre de los pobres” (Pater pauperum).   


El último día de la fiesta, Jesús en pie gritó: «El que tenga sed, que venga a mí y beba». Aleluya.
(Jn. 7, 37)


¡Paz y bien!

& Lectura del libro del Génesis. (Gén. 11, 1-9) 

«Se llama Babel, porque allí confundió el Señor la lengua de toda la tierra»


& Salmo Responsorial (32) 

«Dichoso el pueblo que Dios se escogió como heredad»


& Lectura del libro del Éxodo. (Éx. 19, 3-8. 16-20b) 

«El Señor descendió al monte Sinaí a la vista del pueblo»



sábado, 22 de mayo de 2021

Lecturas del día 22 de mayo de 2021

SÁBADO de la VII SEMANA DE PASCUA, (Tercera Semana del Salterio) 


        Como decíamos ayer, terminamos el libro de los Hechos de los Apóstoles. Pablo llega a Roma y queda en prisión preventiva. Incluso en aquellas condiciones predica el Reino de Dios y enseña todo lo referido a Jesús. Y allí permanece por dos largos años. El relato termina de manera enigmática. Propiamente, el libro de los Hechos no tiene colofón. Algunos sostienen que el libro se termina allí donde finaliza históricamente el relato (no hay que narrar lo que todavía no ha ocurrido), pero otros afirman que el libro no tiene final porque cada comunidad está llamada a continuar los Hechos. Es entonces un libro que no quedará terminado hasta que venga el Señor, de la misma manera como se marchó, ante los viri Galilae, sobre las nubes: en la gloria del Espíritu Santo (Hch. 1, 11). Hasta entonces la misión no terminará. Queda claro que la historia teológica de la Iglesia (la historia de los discípulos, no de la institución) llega a su plenitud en el Reino.

        También hoy se proclama el final del evangelio de Juan: evangelio del discípulo que da testimonio y lo ha escrito. Es la figura del discípulo amado, aquel que se queda siempre, porque “la Iglesia del Amor” precede a “la Iglesia del ministerio”. Aquella, significada en el discípulo amado, es evidente que Jesús quiere que se quede, no sólo por un tiempo, sino hasta que yo venga (Jn. 21, 22-23). Es necia la opinión de que Juan no morirá: se trata más bien de que el amor encarnado por el discípulo perdure hasta el final de la Historia. Un discípulo que ama, porque ante es amado. La Iglesia sobrevive a través de él. Él simboliza aquel permanecer del amor de Jesús en nosotros: permaneced en mi amor (Jn. 15, 9). De otra forma, la Iglesia desaparecería. Santa Teresa de Lisieux lo describirá así siglos después: “Comprendí que sólo el amor podía hacer actuar a los miembros de la Iglesia; que, si el amor llegaba a apagarse, los apóstoles ya no anunciarían el Evangelio y los mártires se negarían a derramar su sangre…” (Manucristo B, 3vº). Todos los aspectos organizativos y pastorales de la Iglesia no son nada si no permanece en el amor del Señor, como sostienen los místicos, entre ellos san Juan de la Cruz: “el más pequeño acto de amor tiene más mérito a los ojos de Dios y es más provechoso a la Iglesia y a la ánima misma que todas las demás obras juntas” (Cántico Espiritual B 29, 2). Este amor es libertad pura; un amor sobre el cual no es lícito interrogar (¿y a ti qué?) puesto que es la libertad soberana del amor, como el viento, no e sabe de dónde viene y a dónde va (Jn. 3, 8). Sin embargo, a todos le Señor nos dice: Tú, ¡sígueme!


El Espíritu Santo me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando -dice el Señor-. Aleluya.

(Jn. 16, 14)


¡Paz y bien!

& Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles. (Hch. 28, 16-20. 30-31) 

«Permaneció en Roma, predicando el reino de Dios»


& Salmo Responsorial (10) 

«Los buenos verán tu rostro, Señor»


X Lectura del evangelio según san Juan. (Jn. 21, 20-25) 

«Este es el discípulo que ha escrito esto, y su testimonio es verdadero»


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viernes, 21 de mayo de 2021

Lecturas del día 21 de mayo de 2021

VIERNES de la VII SEMANA DE PASCUA, (Tercera Semana del Salterio)


        En las Iglesias donde se celebre mañana la Misa Vespertina de la Vigilia de Pentecostés, como será en la nuestra, a las 19 horas, leeremos juntas, tanto hoy como mañana (que serán las lecturas que os envíe mañana), tanto la relativa a los Hechos como la que pertenece al Evangelio de san Juan, del sábado VII del Tiempo de Pascua que marca la liturgia. Estas lecturas contienen durante hoy y mañana la conclusión de los dos escritos que hemos ido leyendo a lo largo de la Cincuentena Pascual y sería como perdernos el final de una interesante película o de un buen libro, la mejor película, el mejor libro que podía llegar hasta nosotros. Si omitimos estos escritos, ambos quedarían inconclusos.

        En la primera lectura, cuando Pablo apela a Roma (es una lástima que se haya omitido el texto precedente), el gobernador Festo presenta su caso al rey Agripa y a su esposa Berenice a su llegada a Cesarea. Tal como hicieron Pilato y Herodes con el Señor, expone el caso desde el estricto ius romanum. Llama la atención que Festo describa a Pablo como alguien que habla de un tal Jesús, ya muerto, que él sostiene que está vivo. El litigio no se ha resuelto y Pablo, que había apelado al César, queda en la cárcel hasta el momento de remitirlo al emperador, es decir, a Roma.

        En el Evangelio, el último capítulo de Juan, el veintiuno. Jesús pregunta a Pedro si le ama, y se lo pregunta tres veces, porque tres veces había negado al Señor. Al final, de manera conmovedora, Pedro humildemente remite su amor al conocimiento de Jesús: Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero. El ministerio apostólico se fundamenta en un acto de amor que abarca toda una vida: Apacienta mis ovejas. Es toda la existencia de Pedro la que se convierte en un único y sublime acto de amor a su Señor.


Cuando venga el Espíritu de la Verdad, os guiará hasta la verdad plena -dice el Señor-. Aleluya.

(Jn. 16, 13)


¡Paz y bien!

& Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles. (Hch. 25, 13b-21) 

«De un tal Jesús, ya muerto, que Pablo sostiene que está vivo»


& Salmo Responsorial (102) 

«El Señor puso en el cielo su trono»


X Lectura del evangelio según san Juan. (Jn. 21, 15-19) 

«Apacienta mis corderos, pastorea mis ovejas»


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jueves, 20 de mayo de 2021

Lecturas del día 20 de mayo de 2021

 JUEVES de la VII SEMANA DE PASCUA, (Tercera Semana del Salterio)


       Pablo, prisionero, es llevado ante los ancianos y el Sanedrín de Jerusalén. El altercado entre fariseos y saduceos vuelve a aflorar. El tribuno se lo llevó al cuartel. Allí el Apóstol escucha la palabra del Señor: El testimonio que has dado en Jerusalén (…) tienes que darlo en Roma. Es una etapa más de su camino y forma parte de los sufrimientos que el Señor le mostró el día de su conversión: por causa del Nombre. Fue un largo camino el recorrido por Pablo, un camino que culminará en Roma con el último y mayor testimonio: el martirio.

            La tercera sección de la “Oración Sacerdotal” está dedicada a los futuros discípulos, es decir, a nosotros. Los discípulos de todos los tiempos son u don del Padre para el Hijo y también del Hijo al Padre. Deben permanecer en la unidad y en el amor de la santa Trinidad. Son las últimas palabras del Señor a la Iglesia: desde ahora ya no habrá más, será el Espíritu quien recordará sus palabras y la guiará. Todo radica en un conocimiento de amor, de puro amor. Toda la misión del Verbo y del Espíritu radica en esas últimas palabras de Jesús a la Iglesia: Para que el amor que me tienes esté en ellos y yo en ellos. Este Amor, amor de ambos, es la persona del Espíritu Santo, sustancial al Padre y al Hijo.


Acerquémonos con seguridad al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia que nos auxilie oportunamente. Aleluya.

(Hb. 4, 16)


¡Paz y bien!

& Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles. (Hch. 22, 30; 23, 6-11) 

«Tienes que dar testimonio en Roma»


& Salmo Responsorial (15) 

«Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti»


X Lectura del evangelio según san Juan. (Jn. 17, 20-26) 

«¡Que sean completamente uno!»


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miércoles, 19 de mayo de 2021

Lecturas del día 19 de mayo de 2021

 MIÉRCOLES de la VII SEMANA DE PASCUA, (Tercera Semana del Salterio)


       En la primera lectura, el final del discurso de Pablo a los presbíteros de Éfeso en Mileto y su adiós, El relato conmueve: oran conjuntamente, se dan el ósculo de la paz y lo acompañan hasta la embarcación. De las palabras de Pablo hay que resaltar éstas: Tened cuidado de vosotros y de todo el rebaño sobre el que el Espíritu_ Santo os ha puesto como guardianes para pastorear la Iglesia, que él adquirió con la sangre de su propio Hijo. La densidad teológica y ministerial de esas palabras es extraordinaria. También Pablo transmite una perla, una palabra del mismo Señor fuera de los Evangelios: Hay más dicha en dar, que en recibir.

               En la primera lectura, el final del discurso de Pablo a los presbíteros de Éfeso en Mileto y su adiós, El relato conmueve: oran conjuntamente, se dan el ósculo de la paz y lo acompañan hasta la embarcación. De las palabras de Pablo hay que resaltar éstas: Tened cuidado de vosotros y de todo el rebaño sobre el que el Espíritu_ Santo os ha puesto como guardianes para pastorear la Iglesia, que él adquirió con la sangre de su propio Hijo. La densidad teológica y ministerial de esas palabras es extraordinaria. También Pablo transmite una perla, una palabra del mismo Señor fuera de los Evangelios: Hay más dicha en dar, que en recibir.

Cuando venga el Paráclito, que os enviaré, el Espíritu de la Verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí y también vosotros daréis testimonio -dice el Señor. Aleluya.

(Jn. 15, 26-27)


¡Paz y bien!

& Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles. (Hch. 20, 28-38) 

«Os encomiendo a dios, que tiene poder para construiros y haceros partícipes de la herencia»


& Salmo Responsorial (67) 

«Reyes de la tierra, cantad a Dios»


X Lectura del evangelio según san Juan. (Jn. 17, 11b-19) 

«Que sean uno, como nosotros»


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martes, 18 de mayo de 2021

Lecturas del día 18 de mayo de 2021

MARTES de la VII SEMANA DE PASCUA, (Tercera Semana del Salterio)


       En la lectura de los Hechos, Pablo se despide de los presbíteros de Éfeso. Las palabras que les dirige son conmovedoras. Son palabras de despedida, revestidas de seriedad, dictadas desde el corazón. Palabras que contienen todos los sentimientos del apóstol, también sus convicciones más íntimas. Los ama realmente, son sus “presbíteros”. Ellos ya no volverán a ver su rostro, pero les deja su herencia: su obra evangelizadora. Él se va a Jerusalén, encadenado por el espíritu. No sabe cómo será su futuro, pero tiene dos certezas: la primera, que vaya donde vaya, le aguardan cadenas y tribulaciones; y la segunda, aún más impresionante: Para mí no me importa la vida, sino completar mi carrera y consumir el ministerio que recibí.

            En el Evangelio, a lo largo de estos tres días consecutivos, vamos a poder escuchar la llamada “oración sacerdotal” de Jesús, con la cual termina el extenso bloque de la conversación de Jesús en la Cena. Los Padres ya observaron el valor consagratorio de dicha oración. Jesús levanta los ojos al cielo, como en la multiplicación de los panes (Jn. 11, 41), y se dirige solemnemente al Padre por él, por los hermanos y por todo el pueblo santo. Lo hace en la primera Cena, madre de toda Cena (eucarística). Así será siempre. Es el Señor quien, como pontífice, se dispone a entrar en el santuario del Cielo (el Padre mismo) con el sacrifico de la sangre y con el olor suave de incienso (Ef. 5, 2). La santidad divina, por la ofrenda de Jesús, será comunicada al mundo. Debemos escuchar con mucha reverencia la “Oración Sacerdotal” de Jesús: es su anáfora sobre nosotros. Continua el salmo 67 con la misma antífona: Reyes de la tierra, cantad al Señor.


El Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que yo os he dicho -dice el Señor-. Aleluya.

(Jn. 14, 26)


¡Paz y bien!

& Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles. (Hch. 20, 17-27) 

«Completo mi carrera y consumo el ministerio que recibí del Seño Jesús»


& Salmo Responsorial (67) 

«Reyes de la tierra, cantad a Dios»


X Lectura del evangelio según san Juan. (Jn. 17, 1-11a) 

«Padre, glorifica a tu Hijo»


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lunes, 17 de mayo de 2021

Lecturas del día 17 de mayo de 2021

LUNES de la VII SEMANA DE PASCUA, (Tercera Semana del Salterio)


        Habiendo llegado a Éfeso, Pablo realiza la Iniciación cristiana de los creyentes. Es un poco extraño de contar en aquella ciudad creyentes que sólo había recibido el bautismo de Juan (en el Jordán). Pablo les habla del verdadero bautismo (que Juan anunciaba): el bautismo en el nombre de Jesús. Se vislumbra -en el rito del bautismo y de la imposición de las manos- la unidad de los Sacramentos de la Iniciación. Reciben la efusión del Espíritu Santo. Con aquellos doce varones la ecclesia quedaba plantead en Éfeso. Pablo se queda en la ciudad durante tres meses, como solía hacer, predicando con libertad el Reino de Dios.

        Se continúa con el salmo 67: Se levanta Dios, y se dispersan sus enemigos. Los griegos y eslavos repiten hasta la saciedad este verso en la liturgia pascual y acuñan estas palabras en la representación de la cruz.

        Al final de la conversación, los discípulos quieren precipitar el tiempo y dicen que entienden cuando no entienden nada. La fe que alardean poseer muy pronto será puesta a prueba en la cruz: ellos se irán y lo dejarán solo. Entonces ya no pensarán que Él ha salido del Padre. Con una inmensa ternura y convicción, Jesús les dice que no quedarán totalmente solos, porque el Padre siempre está con él. Cuando todo suceda (la muerte y la exaltación) entonces encontrarán la paz en Él, y más aún: tendrán valor en las luchas del mundo, porque sabrán que Él, con su amor, ha vencido al mundo.


No os dejaré desamparados, volveré -dice el Señor- y se alegrará vuestro corazón. Aleluya.

(Jn. 14, 18; 16, 22)


¡Paz y bien!

& Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles. (Hch. 19, 1-8) 

«¿Recibisteis el Espíritu Santo al aceptar la fe?» 


& Salmo Responsorial (67) 

«Reyes de la tierra, cantad a Dios»


X Lectura del evangelio según san Juan. (Mc. 16, 29-33)

«Tened valor: yo he vencido al mundo»


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domingo, 16 de mayo de 2021

Lecturas del día 16 de mayo de 2021

DOMINGO de la VII SEMANA DE PASCUA, (Tercera Semana del Salterio)


SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR


        Ubicada entre Pascua y Pentecostés, es decir, entre la resurrección de Cristo y la venida del Espíritu Santo sobre el grupo de los apóstoles, la Ascensión sólo puede entenderse en relación con estos dos acontecimientos salvíficos. La Ascensión es parte del increíble despliegue de la Pascua: por su muerte y resurrección, Cristo salvó al hombre que, después de él, ahora está llamado a unirse a Dios para vivir en su gloria.

        Las Iglesias celebran con la máxima solemnidad y gozo la liturgia de la glorificación del Señor. Los apóstoles retornaron a Jerusalén llenos de gozo. Es la alegría de saber que Jesús con su humanidad está con el Padre y que él volverá de la misma manera como le han visto irse, es decir, en la gloria del Espíritu Santo. Se ha marchado, pero ha dejado una promesa: ellos, recibirán la fuerza del Espíritu Santo. Por tanto, la Ascensión del Señor no inaugura una ausencia de Jesús, sino una nueva presencia en el Espíritu, en la Iglesia y en sus sacramentos. Un día grandioso, pues el Señor asciende entre aclamaciones y se sienta en su trono sagrado (salmo cuarenta y seis): es lo que alegres cantamos con el orante en la liturgia de hoy, sobrecogidos de asombro. La humanidad caída ha entrado en el seno de la Trinidad.

        La solemnidad de la Ascensión se origina en Jerusalén en el siglo V y desde los orígenes la lectura de los Hechos está presente en la liturgia de la Palabra. El relato sirve de introducción a todo el libro, pues la Ascensión del Señor inaugura la historia de la Iglesia. No es el relato del final de la vida de Jesús sobre la tierra sino el punto de partida de una vida nueva en la Iglesia. No se puede contemplar la Ascensión del Señor en la gloria del Padre sin constatar la resonancia misionera del acontecimiento. Ellos serán bautizados con el Espíritu Santo dentro de pocos días. Los apóstoles preguntan sobre la restauración de Israel y el Señor les dice que están llamados a ser sus testigos hasta el confín de la tierra.

        El símbolo de la nube (propio de las grandes teofanías) es una imagen del Espíritu Santo. El Señor ha venido en el Espíritu Santo y volverá en la gloria del mismo Espíritu. Ellos no deben estar mirando al cielo, sino volver a la ciudad para recibir la fuerza del Espíritu Santo, que será la nueva presencia del Señor entre ellos.

        A Jesús ya no lo verán más con los ojos del cuerpo, sino con los ojos del corazón (segunda lectura). Son los ojos de la fe (ocula fidei). El salmo cuarenta y seis, secularmente aplicado al misterio que hoy celebramos, canta la alegría de la Ascensión de Jesús al Padre. El Cristo resucitado que asciende al Padre debe ser alabado por todos: Pueblos todos, batid palmas, aclamad a Dios con gritos de júbilo. Es una alegría universal.

        El leccionario propone para la segunda lectura dos textos alternativos. Ambos textos son de la carta a los Efesios. En el primero (opción 1) el apóstol expresa el deseo que Dios ilumine los ojos del corazón para que comprendamos la esperanza que se desprende de la glorificación del Señor y la riqueza de la gloria que da a los santos, Cristo ha sido dado a la Iglesia como cabeza y ella es su cuerpo. Él es la plenitud del que colma todo en todos. En el segundo texto (opción 2) san Pablo hace una exposición de la unidad de la humanidad incorporada a Cristo por la misma fe, el mismo bautismo y los mismos carismas. Eso s posible porque el Señor ha sido glorificado, ha ascendido a los cielos, y sólo el que subió por encima de los cielos para llenar el universo puede entregar el Espíritu y sus carismas a sus hermanos. Para reforzar su argumentación se sirve de una exégesis particular del salmo sesenta y siete, que será precisamente el gran salmo de las Ascensión y de Pentecostés: Ascendisti in altum, cepisti captivitatem, accepisti dona in hominibus (subió a lo alto, llevando cautivos y dio dones a los hombres.

        El Evangelio de Marcos termina con el texto que se proclama hoy: la última aparición de Cristo resucitado a la comunidad apostólica. Deberán ir a toda la creación a predicar el Evangelio y la salvación. Se les dice que no siempre encontrarán la fe y que habrá quien se excluya a sí mismo de la salvación por su falta de fe. La profesión de fe y el bautismo van juntos. Para su misión, y para los que vengan después de ellos, les será dada la asistencia del Espíritu, por la cual el Maligno será expulsado, recibirán el don de lenguas y el de la curación. Esto era lo último que debía conocer la Iglesia. Ahora su misión puede empezar. Serán por la gracia del Espíritu capaces, audaces y vencedores. Habrá siempre una magnífica cooperación entre el Espíritu y la Iglesia: El Señor cooperaba confirmando la Palabra con las señales que los acompañaban. La salvación cristiana está en el centro. Una salvación que la Iglesia predicará y comunicará con los sacramentos.


Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Aleluya.

(Mt. 28, 20)


¡Paz y bien!

& Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles. (Hch. 1, 1-11)

«A la vista de ellos, fue elevado al cielo»


& Salmo Responsorial (46) 

«Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas»


& Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios. (Ef. 1, 17-23) 

«Lo sentó a su derecha en el cielo»


X Lectura del evangelio según san Juan. (Mc. 16, 15-20) 

«Fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios»


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sábado, 15 de mayo de 2021

Lecturas del día 15 de mayo de 2021

SÁBADO de la VI SEMANA DE PASCUA, (Segunda Semana del Salterio)


MEMORIA DE SAN ISIDRO LABRADOR


       San Isidro fue canonizado en el año 1622, juntamente con santa Teresa, San Ignacio, San Francisco Javier y San Felipe Neri. Fue una canonización célebre. La memoria del humilde labrador y pocero se había mantenido en Madrid desde el siglo XI, cuando él vivió (aún en época mozárabe). Era un laico cristiano casado y hombre de oración. Es sorprendente que perviviera la memoria de su santidad siendo de condición pobre y humilde. San Isidro es estimado en el mundo del campesinado del que es patrón.

       En las lecturas de hoy vemos cómo Pablo empieza su tercer viaje misionero cuya meta es llegar a Éfeso, la gran ciudad de Asia Menor. En esta ciudad encuentra una figura notable de cristiano, Apolo. Un creyente culto y fervoroso que se distingue en las disputas públicas con los judíos demostrando con la Escritura que Jesús es el Mesías.

       En el Evangelio, Jesús añade un motivo nuevo, algo que jamás habían oído sus discípulos: desde ahora todo será pedido al Padre en nombre suyo. Desde entonces, las oraciones litúrgicas que se dirigen al Padre concluirán siempre con el per Christum, Dominum Nostrum, ya que el Padre nada puede negar a los que le invocan en nombre de su Hijo. La oración litúrgica cristiana universalmente siempre es ad Patrem per Christum in Spiritui Sancto (Al Padre por el Hijo en el Espíritu Santo).

       Hoy y los días feriales que están por venir cantaremos el salmo número sesenta y siete: Se levanta Dios y se dispersan los enemigos. Es un salmo que Pablo cita en la carta a los Efesios para contemplar la Ascensión del Señor. Principalmente por el verso: Ascendens in altum captivam duxit captivitatem (“Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad”. Ef. 4, 8).


Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. Aleluya.

(Jn. 15, 1)


¡Paz y bien!

& Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles. (Hch. 18, 23-28) 

«Apolo demostraba con la Escritura que Jesús es el Mesías»


& Salmo Responsorial (46) 

«Dios es el rey del mundo»


X Lectura del evangelio según san Juan. (Jn. 16, 23b-28) 

«El Padre os quiere porque vosotros me queréis y creéis»


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viernes, 14 de mayo de 2021

Lecturas del día 14 de mayo de 2021

VIERNES de la VI SEMANA DE PASCUA, (Segunda Semana del Salterio) 


Fiesta del Apóstol, SAN MATÍAS


       La Iglesia celebra la memoria de todos los apóstoles, no se olvida de ninguno. Sabe que son los fundamentos de la fe. Matías significa en hebreo “regalo de Dios”. Clemente de Alejandría (s. I-II) escribe que fue uno de los setenta y dos discípulos que Jesús envió a la misión. Lo cierto es que, según el libro de los Hechos de los Apóstoles, Matías siguió al Señor desde el Bautismo hasta la Ascensión. Escogido a suerte por la comunidad apostólica para suplir a Judas (que había traicionado al Señor), completo el número de los doce para significar el nuevo Israel de Dios. El gozo del Espíritu Santo: aquel que, el día de Pentecostés, Matías recibió junto con los otros apóstoles.

       Como no puede ser de otra manera, en la primera lectura la elección de Matías, según el relato del libro de los Hechos. Tenía que completarse el número de los Doce puesto que había de significarse el nuevo Israel (la Iglesia). De entre todos los que habían sido testigos de la vida del Señor desde el principio (desde el bautismo en el Jordán) eligieron a suerte a Matías y así a él le tocó la suerte más grande: ser apóstol del Señor. A pesar del método (fue mediante sorteo) su elección es fruto de la oración de la comunidad. Es el mismo Señor quien designó a Matías. Con razón se lee en el Evangelio: No sois vosotros quienes me habéis elegido, soy yo quien os he elegido. El salmo 112 se aplica a los apóstoles y se canta: El Señor lo sentó con los príncipes de su pueblo. Los apóstoles, según Mateo 19, 28, participarán en el juicio del Señor. El nombre de Matías aparece en la segunda lista de los santos en el Canon Romano.


Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado, dice el Señor. Aleluya.

(Jn. 15, 12)


¡Paz y bien!

& Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles. (Hch. 1, 15-17. 20-26) 

«Le tocó a Matías, y lo asociaron a los once apóstoles»


& Salmo Responsorial (112) 

«El Señor lo sentó con los príncipes de su pueblo»


X Lectura del evangelio según san Juan. (Jn. 15, 9-17) 

«No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido»


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jueves, 13 de mayo de 2021

Lecturas del día 13 de mayo de 2021

JUEVES de la VI SEMANA DE PASCUA, (Segunda Semana del Salterio)


       Después de la misión de Atenas, Pablo se va a Corinto, donde encuentra a Aquila y Priscila, esposos que habían sido expulsados de Roma por decreto del emperador Claudio. Pablo pasa el invierno allí y trabaja en el mismo oficio: tejedores de lana para tiendas. Los sábados acudía al culto de la sinagoga donde quería convencer a los asistentes de que Jesús era el Mesías. Los judíos se opusieron violentamente a su predicación y finalmente, Pablo, los dejó por imposibles y se fue a vivir a la casa de un pagano, Ticio Justo. Lo increíble fue la conversión de Crispo, el jefe de la sinagoga, con toda su familia. Otra ecclesia doméstica se origina. También otros corintos se convierten a la fe. Acordémonos que más tarde Pablo escribirá dos cartas dirigidas a los de Corinto.

       Jesús en el evangelio dice estas palabras: Dentro de poco, ya no me veréis, pero dentro de otro poco me volveréis a ver. ¿Cómo podían entenderlo? Este “dentro de otro poco” va entre el espacio temporal de la muerte (sepultura) y su resurrección. También entre la inversión de la alegría y de la tristeza, y la tristeza de los discípulos se convertirá en alegría. Es la alegría de la resurrección, desbordante y perenne.


Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Aleluya.

(Mt. 28, 20)


¡Paz y bien!

& Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles. (Hch. 18, 1-8) 

«Se quedó a vivir y a trabajar en su casa, y discutía en la sinagoga»


& Salmo Responsorial (97) 

«El Señor revela a las naciones su salvación»


X Lectura del evangelio según san Juan. (Jn. 16, 12-15) 

«Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría»


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