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sábado, 5 de junio de 2021

Lecturas del día 5 de junio de 2021

SÁBADO DE LA IX SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, (Primera Semana del Salterio) 


MEMORIA DE SAN BONIFACIO, OBISPO Y MÁRTIR


        San Bonifacio, obispo y mártir, nación en Inglaterra (Wessex) con el nombre de Winfrido y fue monje de Exeter. El Papa Gregorio II le ordenó obispo y cambió su nombre por Bonifacio. Fue enviado a tierras de Germania, aún paganas, donde instauró y organizó la Iglesia más allá del Rhin. Rigió la sede de Maguncia (Mainz) durante muchos años. Al final de su vida, cuando se disponía confirmar a unos fieles de Frísia, en Dokkum, consumó su vida con el martirio. Era en año 754. Fue sepultado en la célebre abadía de Fulda, que él instauró. La tradición le atribuye la costumbre del “árbol de Pascuas” o árbol de Navidad.



El buen pastor dio la vida por las ovejas.

(Jn. 10, 11)


¡Paz y bien!

& Lectura del libro de Tobías (Tob. 12, 1. 5-15. 20) 

«Ahora alabad al Señor; yo subo a Dios»


& Salmo Responsorial (Tob. 13, 2-8) 

«Bendito sea Dios, que vive eternamente»


X Lectura del evangelio según san Marcos. (Mc. 12, 38-44) 

«Esta viuda pobre ha echado más que nadie»


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viernes, 4 de junio de 2021

Lecturas del día 4 de junio de 2021

 VIERNES DE LA IX SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, (Primera Semana del Salterio)


Os digo que la misma alegría tendrán los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.

(Mt.15, 10)


¡Paz y bien!

& Lectura del libro de Tobías (Tob. 11, 5-18) 

«Tras el castigo, Dios se ha apiadado, y ahora veo a mi hijo»


& Salmo Responsorial (145) 

«Alaba, alma mía, al Señor»


X Lectura del evangelio según san Marcos. (Mc. 12, 35-37) 

«¿Cómo dicen que el Mesías es hijo de David?»


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jueves, 3 de junio de 2021

Lecturas del día 3 de junio de 2021

 JUEVES DE LA IX SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, (Primera Semana del Salterio)


SANTOS CARLOS LUANGA Y COMPAÑEROS, MÁRTIRES


        San Pablo VI canonizó “en la primera visita apostólica de un Papa a África -el día 22 de octubre de 1964­-a san Carlos Luanga y sus compañeros del martirio. Estos son sus nombres: “Mbya Tuzinde, Bruno Seronuma, Santiago Buzabaliao, Kizito, Ambrosio Kibuka, Mgagga, Aquiles Kiwanuka, Adolfo Ludigo Mkasa, Mukasa Kiriwanvu, Anatoli Kiriggwajjo y Lucas Banabakintu”. Todos ellos eran laicos y algunos jovencísimos (entre los doce y los veinticinco años), y formaban parte de la corte del rey Mwanga. Se negaron a apostatar de la fe y a participar de las costumbres depravadas del rey. Son fruto de la presencia misionera de los Padres Blancos en Uganda que, poco después tuvieron que abandonar el país por su oposición a la venta de esclavos. Muchos católicos, también anglicanos, sufrieron la persecución y el martirio. San Carlos Luanga, veintiún años, era catequista y bautizó a cuatro catecúmenos en la cabaña donde estaban presos, el día antes del martirio. Entre ellos, el adolescente Kizito de doce años; se ignora el nombre cristiano que recibió. Uno de ellos, Mukasa Kiriwanvu, no estaba bautizado, pero se unió a sus compañeros diciendo que también era crisitano: recibió el bautismo de sangre. Fueron ejecutados en el monte de Namugongo, degollados o quemados vivos, tal día como hoy del año 1886. San Carlos Luanga está considerado patrón de la juventud africana. Los Papa han reconocido el martirio de los hermanos anglicanos que murieron también por causa de Cristo. La valentía de la fidelidad a la fe de estos jóvenes africanos es admirable.


Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque se llamarán los hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

(Mt. 5, 8-10)


¡Paz y bien!

& Lectura del libro de Tobías (Tob. 6, 10-11; 7, 1. 8-17; 8, 4-9a) 

«Ten misericordia de nosotros y haz que lleguemos juntos a la vejez»


& Salmo Responsorial (127) 

«Dichosos los que temen al Señor»


X Lectura del evangelio según san Marcos. (Mc. 12, 28b-34) 

«No hay mandamiento mayor que estos»


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miércoles, 2 de junio de 2021

Lecturas del día 2 de junio de 2021

 MIÉRCOLES DE LA IX SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, (Primera Semana del Salterio)


Quedan estas tres: la fe, la esperanza y el amor. La más grande es el amor.

(1 Cor. 13,13)


¡Paz y bien!

& Lectura del libro de Tobías (Tob. 3, 1-11a. 16-17a) 

«La oración de ambos fue escuchada delante de la gloria de Dios»


& Salmo Responsorial (24) 

«A ti, Señor, levanto mi alma»


X Lectura del evangelio según san Marcos. (Mc. 12, 18-27) 

«No es Dios de muertos, sino de vivos»


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martes, 1 de junio de 2021

Lecturas del día 1 de junio de 2021

MARTES DE LA IX SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, (Primera Semana del Salterio)


MEMORIA DE SAN JUSTINO, MÁRTIR


Pertenece a la generación subapostólica: gracias a él tenemos datos precisos de la vida y de las celebraciones cristianas de los primeros tiempos de la Iglesia. Había nacido en Nablus (Palestina) y se dedicó a la filosofía pagana. Era un hombre que buscaba a Dios sinceramente. Él mismo explica el misterioso encuentro con un anciano en una playa solitaria a quien explicó su preocupación. El anciano le dijo: “el hombre no encuentra a Dios por el esfuerzo del pensamiento, sino por la gracia”. Y le invitó a la oración: “Tú reza ante todo para que se te abran las puertas de luz, pues nadie puede ver ni comprender, si dios y su Cristo no le conceden comprender” (Diálogo con Trifón VII, 3).

Convertido al cristianismo, en diversos lugares y finalmente en Roma ejerce como apologeta de la fe y filosofías cristianas. Quiere defender y presentar la fe en Cristo como plenitud de la sabiduría humana. Escribe las celebres dos Apologías y el Diálogo con Trifón.  En la Urbe establece una escuela de filosofía cristiana para catecúmenos y gente que quería conocer el cristianismo. Allí muere mártir en el año 165. Las Actas se consideran auténticas y su culto es antiguo. San Justino es portavoz de una Iglesia que sale al encuentro del mundo, quiere dialogar positivamente con él y quiere de manera progresiva y paciente instruirle en el Evangelio del Señor. El Papa Benedicto XVI le dedicó una bella catequesis el día 1 de junio del año 2015. San Justino, laico, es el más grande los Padres apologéticos del siglo II.


Nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado.

(1 Cor. 2, 2)


¡Paz y bien!

& Lectura del libro de Tobías (Tob. 2, 9b-14) 

«Permanecí sin ver»


& Salmo Responsorial (111) 

«El corazón del justo está firme en el Señor»


X Lectura del evangelio según san Marcos. (Mc. 12, 13-17) 

«Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios»


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lunes, 31 de mayo de 2021

Lecturas del día 31 de mayo de 2021

LUNES DE LA IX SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, (Primera Semana del Salterio)


FIESTA DE LA VISITACIÓN DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA


La fiesta de la Visitación se celebraba antes de la reforma litúrgica el día dos de julio y se trasladó al día de hoy, entre la Anunciación y el nacimiento de Juan el Bautista, para adaptarla mejor a la narración evangélica según Lucas. La Orden de los Frailes Menores celebraba esta fiesta en el siglo XIII y el Papa Urbano Bonifacio IX (1390) la extendió a la Iglesia Universal. El día es también una concesión legítima a la piedad popular que dedica el mes de mayo a la Madre de Dios. El acento litúrgico está puesto más en la “liturgia de júbilo y de alabanza” que en la conmemoración de los acontecimientos de la venida del Señor (más propio del Tiempo del Adviento). Hoy es el día del Magnificat: la Iglesia es asociada a María, que proclama las maravillas de Dios. Al mismo tiempo, recuerda que el Señor visita siempre a su Iglesia en la asamblea reunida, cuando celebra los Santos Misterios. Allí se ejerce la maternidad de la Santa Madre Iglesia: en sus sacramentos.

La bella oración de postcomunión lo expresa de manera admirable: “Que tu alegría te glorifique, Señor, por todas las maravillas que has hecho con tus hijos; y así como Juan Bautista exultó de alegría al presentir a Cristo en el seno de la Virgen, haz que tu Iglesia lo perciba siempre vivo en este sacramento”. La prontitud (la prisa) de María en el camino que sube de Nazaret a Ain Karem recuerda los versos del Cántico Espiritual de san Juan de la Cruz: “Mil gracias derramando, pasó por estos sotos con presura, y yéndolos mirando, con sola su figura, vestido los dejó de su hermosura”. La liturgia de hoy es de alabanza, de júbilo, de fiesta. Con razón el Oficio es festivo. Anotamos una simple curiosidad litúrgica en honor de la Iglesia de Francia que ama a la Madre de Dios y contempló con enorme tristeza el incendio de la histórica catedral: hoy se celebra la dedicación de Notre-Dame de París.

Este año se proclama el texto de Sofonías: la hija de Sión es prototipo de la Madre de Dios, que cual arca de la Alianza, se traslada junto a su pueblo. La hija de Sión, Jerusalén, la esposa, son sólo figuras de María: ella es el verdadero templo de dios, que lleva en su seno al Verbo de Dios hecho hombre, el Emmanuel. El “Cántico de Isaías” (un salmo fuera del salterio) intensifica el mismo tema y anticipa el gozo del Magnificat. Con este trasfondo Lucas escribe el relato. La Visitación es casi la litúrgica del Arca. El grito de Isabel, el gozo en el Espíritu Santo, Juan que en el seno de su madre ya tiene prisa para ser el precursor, el abrazo exultante de las dos mujeres… todo como símbolo del encuentro ente la antigua y la nueva Alianza. Los títulos marianos: la Madre de Señor y la bienaventurada en la fe. La Iglesia se asocia a María en el cántico del Magnificat, éxtasis de la alabanza y de la humildad de la sierva de Dios. El Magnificat ha sido llamado con razón: “éxtasis del corazón”, “éxtasis de la humildad” y “éxtasis del amor y de la alegría”.


Me felicitarán todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí; su nombre es Santo.


¡Paz y bien!

& Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos. (Rom. 12, 9-16b) 

«Compartid las necesidades de los santos; practicad la hospitalidad»


& Lectura de la profecía de Sofonías (Sof. 3, 14-18) 

«El rey de Israel, el Señor, está en medio de ti»


& Salmo Responsorial (Is. 12, 2-6) 

«Es grande en medio de ti el Santo de Israel»


X Lectura del evangelio según san Lucas. (Lc. 1, 39-56) 

«¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?»


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domingo, 30 de mayo de 2021

Lecturas del día 30 de mayo de 2021

DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTES: SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD(Primera Semana del Salterio)


        Aunque solo este domingo lleve su nombre, todos los domingos del año litúrgico son domingos de la Trinidad. En este sentido, es un domingo ejemplar. La resurrección de Cristo nuestro Señor ha manifestado la gloria de la Trinidad de Dios: el Padre ha glorificado al Hijo en el amor del Espíritu Santo. La Iglesia católica, cada domingo, glorifica a Dios Uno y Trino, subsistente en tres personas. Pentecostés, al coronar el misterio cristológico, clausura en cierta manera el acontecimiento pascual. Desde ahora, cada domingo, trata de actualizar el “día del Señor” en su triple dimensión de fe, esperanza y de caridad.

        Al mismo tiempo, la Iglesia se reconoce a sí misma y en cada asamblea, como una comunidad de creyentes “reunida en la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (LG. 4). La solemnidad de la Santa Trinidad encierra en sí misma una doxología de la salvación ya consumada y prometida. Con razón la antífona de la introducción de la Misa empieza con un solemnísimo: “Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo”.

       La fiesta se impuso a occidente por causa de los invasores germánicos que invadieron la Galia, España y el norte de África. El arrianismo conllevaba el adopcionismo. De ahí la necesidad de una festividad que celebrase y profesase la perfecta unidad trinitaria y la perfecta igualdad de las tres personas. Primero tuvo un carácter votivo y a partir de la influencia de los benedictinos cluniacenses se impuso el año 1334 por el Papa aviñonense, Juan XXII. Sería un error suponer que se trata de una solemnidad abstracta o una mera lección dogmática. Se trata de vivenciar el bautismo que hemos recibido en el nombre de la Trinidad; también del origen, y al mismo tiempo, destino trinitario de la comunidad eclesial. La liturgia hoy se manifiesta más que nunca como una “liturgia orante”. Todos debemos interiorizar el misterio trinitario en la vida cristiana, en la oración, en el apostolado y en la caridad. La Eucaristía de hoy es obra de toda la Trinidad: totius Trinitatis.

        El Deuteronomio, en la primera lectura, proclama la unicidad del Dios de Israel: El Señor es el único Dios. Un Dios al mismo tiempo compasivo y liberador. Israel es el garante de la fe en el Dios único. El sentido trinitario del salmo 32 fue descubierto en la predicación antigua: insinúa ya la Trinidad cuando habla de la Palabra del Señor que hizo el cielo y del aliento de su boca. La asamblea canta con gozo: Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad. La Iglesia será siempre posesión del Señor ya que en ella está el Señor: Sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo. Así termina el evangelio de Marco, cuyo final hoy se proclama (extrañamente puesto que estamos en el ciclo B). El único Dios de Israel se ha manifestado finalmente como el que ha dado todo el poder, en el cielo y en la tierra, a su Hijo glorificado. Que permanecerá siempre en la comunidad eclesial con la presencia del Espíritu. De esta manera permanecerá con ella hasta el final de los tiempos. La comunidad debe “ir” y “hacer discípulos” a todos los pueblos. Será una comunidad de discípulos misioneros que bautizará a los discípulos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. El nombre único de Dios se ha revelado como misterio trinitario sin dejar de ser esencia única y jamás divisible. La predicación de hoy debe insistir en la condición de bautizados en el Nombre de la Trinidad, en la consagración trinitaria por el bautismo. Así se recalca en la Epístola: el Espíritu nos eleva a la condición de hijos de la familia divina y coherederos con el Hijo muy amado del Padre.


Bendito sea Dios Padre y el Hijo unigénito de Dios y el Espíritu Santo, porque ha tenido misericordia de nosotros.



¡Paz y bien!

& Lectura del libro del Deuteronomio. (Dt. 4, 32-34. 39-40) 

«El Señor es el único Dios allá arriba en el cielo y aquí abajo en la tierra; no hay otro»


& Salmo Responsorial (32) 

«Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad»


& Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos. (Rom. 8, 14-17) 

«Habéis recibido un Espíritu de Hijos de adopción, en el que clamamos: “¡Abba, Padre!”»


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