DOMINGO DE LA XIV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, (Segunda Semana del Salterio)
Ruego, Padre, por los que
crean en mí, para que sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me
has enviado, dice el Señor.
(Jn. 17, 20-21)
¡Paz y bien!
Domingo
de la predicación de Jesús en Nazaret.
A los habitantes de Nazaret les supera la persona de Jesús,
sus obras y sus enseñanzas. Esto provoca un escándalo entre ellos y la
objeción: ¿No es éste el carpintero? Es de notar que, en el Evangelio de
Marcos, Jesús no es conocido como el “hijo del carpintero”, sino él mismo,
“carpintero” (tekton). Hasta cinco preguntas plantea. Les era increíble
e inadmisible su persona. Ellos sabían los orígenes humanos de Jesús, pero no
sabían su origen divino: no podían comprender que era la manifestación de la
Sabiduría de Dios. Sabían los límites humanos de su persona y querían marcar
límites a su ministerio: se escandalizaban a cuenta de él.
Sin la
fe, nada puede hacer Jesús para sus coetáneos. Lo mismo que experimentó el
profeta Ezequiel (y como él todos los profetas) en la primera lectura. Los
misioneros cristianos deberán experimentar esta situación. El éxito no es ni de
lejos lo decisivo: Te hagan caso o no te hagan caso (…) reconocerán que hubo
un profeta en medio de ellos. En este sentido, la segunda lectura completa
todo el contenido del Evangelio: nos basta la gracia de Dios. De hecho, la
única confianza realmente cristiana es la que permanece arraigada en la
misericordia de Dios, como canta el salmo. La asamblea cristiana canta gozosa
en la I Antífona de la comunión: “Gustad y ved qué bueno es el Señor”.
La comunión eucarística realza esta presencia del Señor entre nosotros. En la
perícopa evangélica hay una perla: los habitantes de Nazaret conocen a Jesús
como el hijo de María, como si dijesen “el hijo de una vecina del
pueblo”. Seguramente ella debía estar en la sinagoga, a su vez asombrada por lo
que sucedía.
& Lectura del profeta Ezequiel. (Ez.
2, 2-5)
«Son un pueblo rebelde y
reconocerán que hubo un profeta en medio de ellos»
& Salmo Responsorial (122)
«Nuestros ojos están en
el Señor, esperando su misericordia»
& Lectura de la segunda carta del apóstol
san Pablo a los Corintios. (2
Cor. 12, 7b-10)
«Me glorío de mis
debilidades, para que resida en mí la fuerza de Cristo»
X Lectura del evangelio según san Marcos. (Mc.
6, 1-6)
«No desprecian a un
profeta más que en su tierra»
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